Por: Ernesto Sánchez Rojas
Día de lluvia y frío….hoy me ha llegado la noticia de dos fallecimientos por cáncer, uno de estos, es de una querida hermana de la iglesia, cristiana de hueso colorado, me dirigí acompañar a su familia los cuales me son muy afectos.
La cita era en San Pedro de Taboada en el valle de los Chillos, al llegar ingrese en una pequeña vivienda, la velaban en su propia casa, me cuentan que a unas calles están velando a otra persona que también padeció de cáncer al pulmón, ya ven tres en un mismo día.
El ataúd estaba rodeado de flores y había sobre una silla una cajita forrada con papel regalo, era para ayudar a la familia en los gastos, todo el que entraba dejaba su contribución, unos monedas, otros billetes. Los mejor vestidos entraban, saludaban y salían, por ahí pasaron unos familiares con mejor suerte, algo lejanos ya.
Otras personas llegaban con zapatos viejos, otros sin zapatos, la actitud en general era de asombrosa tranquilidad, quizá resignación, el abuelito lo dejaron sentado en su silla de ruedas, hace un año que ya no puede caminar, va para los noventa, a veces se acuerda de su nieta y llora.
El abuelito de sombrero y poncho es un trabajador de la tierra y sabe del cuidado del ganado, trabajo muchos años para la Hacienda Capelo de la señora Josefina Barba, de ahí salía el maíz para el consumo de Quito, los peones recibían una casa donde vivir y una pequeña parte de las cosechas para su subsistencia, solo en la Reforma Agraria se les entregó un terreno que ya era propio; tuvo diez hijos, seis de los cuales no pasaron la edad de diez años, uno de los sobrevivientes es ahora mi hermano en la fe. Su hijo me cuenta que el trabajo del campo era duro, ni un solo día de descanso, sobre todo por el ordeño, y de esa tarea iban para los maizales, en la madrugada cuando cuidaban el ganado, su padre tenia que salir para hacer “la señal”, otro situado a cierta distancia tenia que contestarle, y donde no lo hacia, había que acusarlo con el patrón por haberse quedado dormido. El recuerda un momento feliz en su vida de niño, cuando su padre lo subió en un caballo y juntos fueron a cuidar las vaquitas.
Dando un vistazo a mi alrededor, me dije, quizás por tantas penas la familia se mostraba dolorida pero fuerte, la muerte no les es extraña, mi hermano que aclarando es el hijo del abuelito, me contó, que de sus tres hermanos vivos, uno había ya perdido un hijo tempranamente y el perdió a su ultimo pequeño cuando tenia diez años, edad fatídica en la familia, el chofer fugo, optaron por enterrarlo y no reclamar, ya que la justicia siempre les ha sido esquiva, en aquellos años llegaron a escuchar de Jesús y se convirtieron, de eso ya son 11 años, desde esa época sus familiares no les hablaban, para ellos eso era una traición, esta nueva muerte dio paso a ciertas reconciliaciones.
Su esposa tiene seis hermanos y todos tienen un hijo muerto, me puse a contar y de un total de 10 padres, 8 tienen la desdicha de haber enterrado a un hijo tempranamente, me dicen que esa es una maldición que quieren romper.
Uno de los sobrevivientes de esta difícil vida se llama Luis como su padre, joven de veinte y ocho años, el piensa que es mejor no casarse, ¡para que! si el matrimonio es para sufrir; su padre en cambio se caso a los diecinueve años cuando su esposa tenia quince, estudio la escuela y recuerda a un profesor que durante el sexto grado, le llevaba de un lado a otro por Quito, con sus pies descalzos llego al Ministerio de Educación, el profesor le había conseguido una beca para estudiar en el Brasil, fue una pena, no tenia medios para viajar, sus compañeros envidiaban su talento intelectual, pero no llego a utilizarlo en esa ocasión, estudio tres años de mecánica y luego abandono para poder trabajar y mantener a sus padres, para ese tiempo ya tenían su tierra, pero seguían siendo pobres, su madre tuvo que salir a Quito para ganarse unos sucres cuidando construcciones.
Y es ahí que Luis padre comienza a pensar en el trabajo de construcción para ganarse la vida, convence a un pintor para que le deje ser su ayudante, le dice que “si sabe”, aunque nunca ha tomado una brocha, son las cosas que uno tiene que hacer para que le den una oportunidad, de ahí aprendió a ser albañil, electricista, plomero, etc.
Luis junior me conversaba que cuando su prima enfermo de cáncer, hace un poco más de un año, el regreso a verle, no se habían hablado desde hace mucho tiempo, ya no eran de la misma religión, en esta oportunidad su prima fue receptiva y estuvo dispuesta a escuchar de Jesús; a Luis le tocaba entrar en la casa de su prima abriéndose el mismo la puerta ya que nadie le hablaba, era preferible ir por las noches cuando todo el mundo estaba en sus cuartos, a ella le amputaron el brazo, pero fue tarde el cáncer paso al pulmón, paso sus últimos días con dificultades para respirar y sin ganas de comer; su prima vivió una esperanza y una fe de acero, cuando los médicos le decían que iba a morir y que era mejor que arregle sus cosas con Dios, ella les decía “Doctor yo ya tengo arregladas mis cosas con mi Señor, ¿y usted Doctor las tiene?” y es que es así la vida humana frágil y en cualquier momento nos vamos….
La vida de los nietos es algo mejor que la que el abuelito pudo darle a sus hijos, son pobres pero con mejor educación, alguna chance de progresar, ahora son micro empresarios, por el momento buena parte del presupuesto familiar viene de la venta de almuerzos para los obreros de la construcción del sector, el resto lo complementa su hija que trabaja en una empresa haciendo la contabilidad.
Mi hermana muerta tiene una hijita de cinco años, aun no le han dicho nada, la llevaron a otra casa para que no vea nada, su esposo si esta, Luis me cuenta que peleaban mucho, su prima no se sentía querida, en eso también se fue triste. Hace dos semanas canto en el coro folclórico de la iglesia, bien derechita, con amplia sonrisa, por eso su muerte me tomo desprevenido, no dejo de servir hasta el ultimo, ejemplo de mujer.
La noche llega y me tengo que ir…el ultimo abrazo, afuera me encuentro con los bien vestidos,…. un taxi que me logra ver…, hasta luego San Pedro, me voy un poco muerto…., pero es hora de sonreír y ver a mi familia.
Ernesto Sánchez Rojas
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